Al abrigo de unos versos musicalizados
Durante mis prácticas como docente en el aula de 2.º de Bachillerato, me surgió una duda: ¿de qué forma me hubiera gustado a mí, años atrás, como alumna de dicho curso, repasar las figuras retóricas para tratar de entender a los y las poetas de la Generación del 27? Entonces caí y recordé a una profesora interina de Primaria y su pasión por Fito y Fitipaldis: «Este mar cada vez guarda más barcos hundidos». ¿No es atractivo? Pues aquí dejo mi grano de arena con una canción del grupo catalán Love of Lesbian, «El poeta Halley» (2016).
Su cantante, Santi Balmes, es reconocido en la industria musical por su fascinación hacia las letras, lo que, sin duda, le permite hacer peripecias con el lenguaje en las letras de las canciones. En esta, el cantante hace una introspección hacia el propio proceso de la escritura; es decir, crea una composición lírica sobre el proceso creativo y la búsqueda de la musa de la inspiración.
Acojo en mi hogar
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera
Examino cada jaula y allí
Ladrando vocales y consonantes
Encuentro sucios verbos
Que lloran después de ser abandonados
Por un sujeto que un día fue su amo
Y de tan creído que era
Prescindió del predicado.
Esta misma semana
Han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A tres adverbios muertos de frío
Y a otros tantos de la raza pronombre
Que sueñan en sus jaulas
Con ser la sombra de un niño.
Señalo entonces
A las palabras que llevan más días abandonadas
Y me las llevo a casa
Las vacuno de la rabia y las peino a mi manera
Como si fueran hijas únicas
Porque en verdad todas son únicas.
Acto seguido
Y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones,
Les doy un beso de tinta
Y les digo que, si quieres ganarte el respeto,
Nunca hay que olvidarse los acentos en el patio.
A veces, les pongo a mis palabras
Diéresis de colores imitando diademas
Y yo sólo observo cómo juegan en el patio de un poema.
Casi siempre te abandonan demasiado pronto
Y las escuchas en bocas ajenas
Y te alegras, y te enojas contigo mismo
Como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa,
Inerte y algo vacío,
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio,
Siempre fiel, siempre contigo.
Pero todo es ley de vida,
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen,
Que se unan entre ellas
¡Y a brillar,
Que son dos sílabas!
- En verde, una aliteración del sonido /r/, que evoca los ladridos o gruñidos de un perro (por la metáfora que hace entre la palabrera y una perrera).
- En azul, una paranomasia.
- En rosa, un homeotéleuton que crea ritmo y facilita la memorización de los versos.
- En amarillo, una similicadencia formada por morfemas flexivos (aquí también repasamos morfología 😜).
- En rojo, una anáfora que contribuye a reforzar la idea de que el silencio siempre nos acompaña.
- Subrayadas, dos estructuras que siguen la misma secuencia: preposición + numeral/determinante + sustantivo + complementos del nombre.
- En púrpura, un ejemplo de polisíndeton mediante la conjunción y, que acelera el ritmo de la lectura y transmite la velocidad a la que que suceden los sentimientos y las acciones.
- En azul claro, un ejemplo de hipérbaton, pues el orden lógico y más natural sería «A veces, pongo diéresis de colores a mis palabras».
- En gris, una epanadiplosis si consideramos los dos versos parte de una misma oración.
- La alegoría que se respira en todo el poema. En él, algo tan abstracto como el lenguaje, la gramática, se convierte en una perrera, un refugio de animales abandonados.
- En negrita, personificaciones o animalizaciones que ayudan a crear la conexión entre el lenguaje y los perros.
- En marrón, una sinestesia que juega entre el tacto/afecto y lo visual/escrito.
- En lila, una antítesis.
- Por último, en cuanto al campo semántico, hallamos un léxico propio de la gramática: vocales, consonantes, acentos, sílabas, sujeto...
